Subí un PDF, marcá qué tiene que completar cada persona y en qué orden firma cada una. MiFirma se ocupa del resto: los avisos, la firma criptográfica y el expediente que prueba todo lo que pasó.
Sin instalar nada. Quien firma no necesita crearse una cuenta.
Tres cosas distintas, y las tres tienen que estar. Una firma que nadie puede verificar dentro de cinco años no sirve, por más linda que sea la pantalla donde se hizo.
Cada documento se cifra y el acceso se decide en la base de datos, no en la aplicación. Un error de programación no alcanza para que alguien vea lo que no le corresponde. Nunca guardamos claves privadas de firma, ni siquiera las nuestras.
Una vez firmado, el documento no se puede modificar sin que se note. Cada firma queda encadenada a la anterior y sellada con la hora de una autoridad externa, así que la fecha no depende de nuestro reloj ni de nuestra palabra.
No es la misma ley en Montevideo, en Asunción y en São Paulo. Cada país tiene su marco y sus certificadores acreditados, y MiFirma trabaja con los de cada uno. La ley local la revisa un abogado local, no un algoritmo.
Un pagaré necesita el importe. Un alquiler, la fecha de entrega. Un consentimiento, el número de documento de quien lo firma. Mandar un PDF vacío y pedir que lo completen a mano antes de escanearlo es exactamente el trabajo que veníamos a sacarte.
No alcanza con un PDF con un garabato. Lo que sostiene una firma en un juicio es poder mostrar quién la hizo, cuándo, desde dónde y cómo se probó que era esa persona. Eso se registra solo, paso por paso, y se entrega junto con el documento.
Lo armás una vez y lo repetís cuantas veces quieras. Si mandás el mismo contrato a trescientas personas, se personaliza solo desde una planilla.
Un PDF, como lo tenés.
Importe, fecha, número de documento, una cláusula. Cada firmante ve sólo sus campos.
En orden, todos a la vez, o mezclado. Con copias para quien tenga que enterarse sin firmar.
El documento firmado, el certificado de finalización y el expediente completo.
La diferencia entre una firma que se sostiene en un juicio y una que no suele estar en el país donde se firmó. MiFirma se integra con los certificadores acreditados de cada uno.
Las dos resuelven una parte. Las globales traen un producto maduro, pero cobran por usuario y en moneda extranjera, con la firma acreditada como recargo aparte. Los certificadores locales tienen el certificado que tu ley reconoce, pero trabajan en un solo país.
Las plataformas globales resuelven muy bien el flujo de trabajo: campos, recordatorios y auditoría. La diferencia no está ahí, sino en cómo se cobra y en qué certificado se usa para que la firma valga donde vos operás.
En tu moneda y con factura local. Sin mínimos de usuarios ni licencias que sobran.
Creá tu cuenta, subí un PDF y mandalo a firmar. Vas a ver el expediente completo del primero.